4ª etapa, Manteigas - Pico Torre - Penhas de Saúde
3 de julio 2022 Manteigas - Pico Torre - Penhas de Saúde
38.7 km, Desnivel +1402 m, 3 h 29 min
Los despertadores sincronizados para encontrarnos a las 8 h en el bufé (atiborro), que a nosotros nos incluye bocata y fruta "de extranjis".
El pedaleo comienza a las 9 h con un ascenso por el valle del río Zêzere. Coincidimos con una carrera ciclista para aficionados: "Gran Fondo Serra da Estrela" (174 Kms). No cortan la carretera, pero hay vigilancia en moto de la policía. La subida es larga y constante, con el valle a nuestra derecha, afortunadamente vamos a la sombra y en el talud de la carretera, a la izquierda, se ven fuentes que alegran la subida.
Pasamos por el Covão d'Ametade, junto a una de las grandes curvas de la carretera. Algunos nos acercamos a verlo, pero el río pasa casi seco. ¡Una pena!
Llegamos al alto del valle después de 15,5 Kms de subida, en 1 h 50 min y 872 m de desnivel. Hace sol, el día está agradable y hay una leve brisa. Nos mezclamos en nuestro rodar con los corredores de la carrera. Recorremos 2 km de bajada hasta el albergue juvenil que nos servirá de alojamiento, en Penhas de Saúde: Pousada de Juventude da Serra da Estrela.
La subida tiene algunas rampas duras, pero a ritmo pausado se sube bien. La temperatura es agradable, las vistas son buenas y las ascensión preciosa.
Al llegar a la cumbre hemos recorrido 17,8 Kms desde el albergue, con 530 m de desnivel. Encontramos la meta de la carrera con el pódium, hay ciclistas y espectadores, avituallamiento, gente de la organización... Destacan dos grandes cúpulas, antiguos radares del ejército portugués. Hacemos la foto clásica de "finisher" en el pódium. Vemos algunos ciclistas españoles, otros ciclista abueletes: olé por ellos.
Nos damos la merecida, vertiginosa y placentera bajada hasta el albergue, donde David y Eduardo nos esperan haciendo acopio de fuerzas para mañana.
Tras una ducha estamos preparados para afrontar un paseo por Penhas de Saúde, que es un pueblecillo con poco para ver. Tomamos unas cervezas y cenamos en el Primor Serra.
Hay una camarera excesivamente simpática, que se llama Mariana, joven y con mucha labia, nos enreda con sus modales amables y seductores para que cenemos lo que ella quiere: todo carne (costillas, "picanha", borrego ensopado...) y vino tinto. Dani se niega a traicionar su ideal vegetariano y se consigue un plato con acompañamiento de arroz. En verdad, el restaurante es muy fino y todo está buenísimo, incluidos los postres, que son tan dulzones como Mariana.
El acueste es sobre las 23.30 h. Nos dan dos dormitorios enormes con literas: uno para todos los hombres y otro similar para Fina, para ella sola.
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